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Fibromialgia: ¡No te detengas!

IMPORTANTE:

Nada de lo aquí mostrado deberá tomarse por diagnóstico, tratamiento o prescripción, la explicación que se comparte está basada en la información, comprensión y experiencias individuales de sus autoras.

Abres los ojos y ya sabes que será otro día más en el que tendrás que soportar el dolor y la rigidez en todo el cuerpo. La fatiga y el cansancio te acompañarán a lo largo de la jornada, siempre y cuando la depresión y/o la ansiedad te permitan levantarte de la cama, y también notas que sufrirás dolores de cabeza y niebla mental. A estas alturas reconoces los síntomas a la perfección, otra vez estás sufriendo un brote de fibromialgia

La fibromialgia se define como un dolor en el tejido fibroso o muscular. Sin embargo, este dolor se podría calificar de “fantasma”, no hay causa física que realmente la justifique, además la intensidad es diferente en cada persona.

En nuestro campo la fibromialgia es un conflicto por el que la persona está sufriendo emocionalmente, por lo tanto el dolor físico es proporcional al dolor emocional.

¿Te sientes responsable de las obligaciones familiares? ¿Crees que siempre tienes que estar ocupándote de la familia? ¿Te preguntas si no lo hago yo nadie lo va a hacer”? Sin darte cuenta has respondido de forma afirmativa a casi todas las preguntas, luego son “tus” cargas familiares las que te están causando el brote.

Ese dolor físico que sientes cuando te da un episodio te está indicando que no tienes las riendas. Se podría asegurar que tu vida no te satisface, o que te quedas bloqueada por conflictos familiares que nunca llegas a resolver, siempre quieres solucionarlo pero en realidad nunca lo haces. Así que tu cuerpo hace lo único que sabe para que esta situación deje de existir, paralizarte tanto física (rigidez muscular, dolor, fatiga…) como mentalmente (depresión, ansiedad, “lagunas” mentales).

La fatiga crónica o física, que también suele ocurrir en estos casos, significa que no encuentras la dirección de tu vida, te ves haciendo cosas que no quieres hacer. En definitiva, estás desconectada de ti misma, estás perdida. En consecuencia, el cuerpo actúa sobre ti una vez más  produciéndote fatiga o cansancio.

¡Ha llegado el momento de parar!

Para poder solucionar estas dolencias, tienes que realizar muchos y costosos cambios internos y aprender a desconectar. Tienes que tomar conciencia de ¿qué? y ¿para qué? estás haciendo lo que haces. Ahora es el momento de que tomes nuevas decisiones.

La medida más factible es atender tus conflictos internos, esos que se han quedado a un lado, aquellos a los que nunca te enfrentas, que no solucionas. ¡Tienes que afrontarlos!

¡Detente y entiende lo que está ocurriendo en tu interior! Debes aprender a vivir de otra manera y sobre todo conectar contigo misma. Incluso si necesitas aislarte, para no tener que preocuparte por nada ni por nadie, hazlo, no te sientas responsable. Piensa en ti y en tu bienestar. Se trata de que no te vuelva a dar un brote. Sobre todo tienes que querer cambiar, dejar de buscar el reconocimiento fuera, dejar de sacrificarte por los demás. ¡Esta vez ocúpate de ti!

Es muy importante que entres en acción, que veas la vida de otra manera, que comiences tu cambio interior y éste se verá reflejado en tu exterior y mejorará tus dolencias.

Recuerda: Eres lo que haces, no lo que dices que harás”. C.G. Jung.

El próximo mes trataremos el dolor de estómago, por qué se produce y cómo puedes evitar que ocurra.

¡Es hora de sanar y ser feliz!

Yu GM & Erika Rufo

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